The Handmaid’s Tale, lapidaciones en la Era Tinder.

The Handmaid’s Tale, lapidaciones en la Era Tinder.

Aquí somos muy fans y mucho fans de muchas cosas. De los Shelby, de Fargo (¡ay, Fargo…!), de True Detective, de Westworld, de Black Mirror, de todo Sorrentino, de Peggy Olson, (que sí, Ro, también de Arctic Monkeys, pero es que estamos hablando de series y cine ¿vale?), pero lo de hace un año con The Handmaid’s Tale no tiene nombre. The Handmaid’s Tale se ha convertido en uno de los prismas con los que miramos todo lo que pasa a nuestro alrededor. Y no, no nos referimos a la vida, eso nos está pasando de largo, nos pasó hace muchísimo. No nos reconocemos en la edad que dice nuestro DNI. ¿Sois conscientes de que hay gente casi mayor de edad que nació en euros?. “Quería unos pañales para el niño”, “aquí tiene, son 15 euros”, pues dentro de un año o dos ese niño ya juega al mus en la facultad con sus bravas, su mixto o lo que haya en la cafetería de la universidad. En nuestra época, no hace tanto, lo juro, no había quinoa en la facultad (de hecho, James, la palabra facultad ya suena rancia), ahora tendrán hummus, verduras en tempura y berenjenas con miel, porque hay una ley que obliga a ponerlo en todas los restaurantes y cafeterías, eso y alguna canción de Ed Sheeran, si no hubiera una ley nadie en su sano juicio escucharía Ed Sheeran  (bueno ya, ya paramos). Decíamos que The Handmaid’s Tale (El Cuento de la Criada, por cierto), nos voló la cabeza. Los planos, la fotografía, la ambientación, todo lo que desprende estéticamente he Handmaid’s Tale es una...